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domingo, 1 de agosto de 2010

De impuestos, iglesias y otros entuertos

El principal exponente del cristianismo, su gestor y creador Jesucristo fue contundente sobre este tema cuando dijo: Den a César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

En otra parte de la Biblia, siendo acusado de no pagar impuestos y por asegurar un buen testimonio en la sociedad en la que predicaba, mandó a Pedro a pescar ( símbolo del trabajo u oficio que el discipulo sabía hacer) y en su boca descubrió una moneda que sirvió para pagar los impuestos del discipulo y del Maestro.

Si la enseñanza es clara, por qué algunos que se dicen seguidores de Jesús insisten hoy en día en evadir su responsabilidad.

Si la situación presupuestaria del país, y los gobiernos locales es tan critica por qué exonerar de impuestos a más de 23 mil organizaciones eclesiásticas.

La reforma tribuitaria debería ser, en mi criterio, para garantizar que incluso la Iglesia Católica cumpla con el mandato biblico de honrar las responsabilidades. De esta manera se evitaría la supuesta desigualdad entre cultos, pues todos pagarían al Estado lo que deben.

Pero si criticar este contrasentido resultara insuficiente para desalentar entre los políticos lo que es sin duda el resultado de un acuerdo político para contar con el respaldo legislativo de dos votos, quizás al menos aspiraría a que exista transparencia en el manejo de esos fondos.

Me gustaría saber por ejemplo:

¿Cuánto suma en colones esa exoneración? un dato preciso.
¿Se usará para obras de bien social, o será un alivio en el bolsillo de algún vividor de la religión
¿Será fiscalizado el uso de una cantidad de dinero semenaje?

Debe el Estado exigir que esos fondos tenga un uso transparente, que las iglesias que disfruten del beneficio informen en sus congregaciones y a la opinión pública nacional en qué invirtieron esos recursos. No todas las iglesias o asociaciones religiosas deberían disfrutarlos, pues muchas carecen de programas de servicio social. En muchos casos ni siquieran ayudan a sus propios miembros que enfrentan necesidades.

Mi queja no es religiosa, mi queja no es pasional, mi queja no es política.

Mi queja es por principios. Si me digo cristiana debo ser consecuente y la evasión tributaria es desde cualquier punto de vista inmoral aunque sea moralizada por una ley. Como tampoco es moral utilizar estas banderas para sostener un clientelismo que le permite a un grupo acceso al poder político, mediante el cual satisfacen sus egos y sus bolsillos pero no definden las verdaderas causas del Evangelio que predicó Jesucristo.

Hago con esto un llamado a la consecuencia.
¿Somos o no somos?

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