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viernes, 31 de diciembre de 2010

Algunas lecciones aprendidas en el 2010

1. Aprendí que llegar a los 40 era más divertido de lo que me imaginaba, aun joven, pero madura, libre y dispuesta a arrancarle suspiros y pasión a la vida.

2. Aprendí que es imperativo cambiar. Nada más torpe que resistirse a la transformación.

3. Aprendí que lo relevante no es cuanto tengas, sino cómo usas lo que tienes.

4. Aprendí que amar solo se aprende amando, y que perfeccionar esta lección me tomará el resto de la vida.

5. Aprendí que nada es para siempre, y que dentro el equipaje que llevas en el viaje de la vida es imprescindible cargar la “adaptabilidad”.

6. Aprendí que es inútil regresar al pasado porque no existe. Que lo que tengo es el presente, que el presente es una tierra fértil, mis acciones semillas y estas dan como fruto el futuro.

7. Aprendí lo que supe pero olvidé. Que la plenitud en mi relación con Dios proviene de la genuinidad de un corazón sincero, de la sencillez, de la intimidad de una amistad y no de estructuras asfixiantes, condicionantes, laboratorios con conejillos de indias probando teorías y llenas de humanidad que nos alejan de lo sublime y puro.

8. Aprendí que los bueyes tienen que arar parejo. Diferentes, si, pero aun mismo ritmo.

9. Aprendí que la culpa es un cruel enemigo de la libertad, que a diferencia del arrepentimiento que es liberador, la culpa te mantiene atado a lugares, personas, negocios y actividades que no hacen más que obstaculizar los propósitos de Dios para mi vida.

10. Aprendí que no sabía decir no con la contundencia que se requería.

11. Aprendí que es inútil resistirse al sufrimiento, este es parte de la vida tanto como la alegría y es tonto evadirlo, porque siempre que llega trae una lección y una oportunidad para mi vida.

12. Aprendí que la muerte es esencial para la vida. Que sino muero yo, nunca nacerá un nosotros. Que esa muerte no implica entregar mi identidad, pero si mi egoísmo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Navidad no es…

Navidad no es una loca carrera por la compra, tan loca que deja sin aire, sin plata, sin paz, sin gozo, sin vida.
Navidad no es un trago de whisky que usas con el pretexto de celebrar cuando en realidad solo tratas de olvidar.
Navidad no es una cena abundante en calorías, comer en demasía otra forma esconderse de la agonía.
Navidad no es correr tras el amor perdido, ese que llamamos “de mi vida”, volver al pasado en busca de una ilusión, un espejismo que dura mientras se busca, porque cuando se encuentra se desvanece frente a la irrefutable realidad.
Navidad no es correr tras un nuevo amor , flor de un día, para asegurarse compañía el 24 o al amanecer del 31, otra forma de esconder un vida vacía.
Navidad no es llorar la soledad, lamentar el “si hubiera” o el “y si”, autoconmiseración y drama para manipular y ganar atención, hoy si y mañana también.
Navidad no se trata de vos, ni de mi.
Navidad es Jesús nacido de mujer, hombre y Dios.
Navidad es Jesús, dador de vida, suplidor, complemento al vacío, amor real e incondicional, dador de vida y resucitador de sueños.
Navidad es Jesús, Dios bueno, Dios amigo, Dios amado, Dios vivo.
Navidad es Jesús que no escatimo el ser igual a Dios, sin aferrarse se hizo hombre para que en su limitada condición pudiera cumplir, en una cruz de amor, el plan perfecto de salvación para la humanidad.
Navidad es Jesús. A Él un gran abrazo y un profundo agradecimiento. Nunca podré agradecer y celebrar lo suficiente su nacimiento.