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lunes, 16 de junio de 2014

Entrevista: Any Pérez, maestra en el arte de preguntar

Preguntar es una ciencia, un delicado arte. Mediante preguntas precisas se pueden aclarar los más obscuros asuntos o ventilar los más escondidos secretos y revelar intenciones.
Any Pérez, experimentada periodista, ganadora del Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez y el Premio Angela Acuña Brown, articulista, colaboradora en la Revista Dominical del Diario La Nación, y maestra en el arte de la pregunta, nos contestó varias y nos comparte de su conocimiento y experiencia.

¿Quién es Any Pérez?

Me creo, y me dicen, que soy buena persona y para mí eso es fundamental porque el resto en la vida se facilita desde una perspectiva sana con respecto de una misma y de los demás. Soy miembro de una gran familia, soy esposa y madre y, desde hace un cuarto de siglo, ejerzo apasionadamente el periodismo.

¿Cuándo estudiaba periodismo usted también soñaba con cambiar el mundo? ¿Se puede lograr o la realidad laboral termina por hacernos despertar?
Tuve que repetir el examen porque mi nota de admisión no me daba para entrar a la carrera de periodismo en la UCR y eso me permitió ser “población flotante”. Fue lo mejor que me pudo haber sucedido porque tomé cursos de varias carreras y abrieron mi lente personal y profesional de teleobjetivo a angular, ajustando esa idea de “cambiar el mundo” a su verdadera dimensión: el cambio es algo multidisciplinario y es responsabilidad de todos. Así como hay un instrumental teórico-metodológico para el análisis histórico o sociológico, así también lo tiene el periodismo profesional. En ese sentido, pronto entendí que la responsabilidad del periodista no es comprometerse con ideologías y que desde cualquier trinchera se puede practicar un periodismo decente.

¿Qué es comunicar?
Para los comunicadores pasa primero por entender nosotros todo lo relativo a lo que queremos decir a otros: la precisión de las ideas, cómo transforman el medio y el soporte a esas ideas, cómo enmarca el contexto la forma en que nuestras audiencias comprenden las ideas y cómo éstos las resemantizan.

Preguntar es un arte ¿cuál es la clave?
La única clave es conocer lo más que se pueda sobre la persona y el tema; la práctica de precisar ideas en forma de preguntas es lo que lo convierte en arte, si es que se puede decir así.

¿Aplica ese consejo para nuestra comunicación interpersonal?
Absolutamente. La gente no precisa ideas y comunica como sea, creando malos entendidos que en la era digital pueden volverse tragedias personales y laborales.

¿Cómo logra ser incisiva, sin transgredir el límite del respeto?
Practicando el respeto y el mayor por una persona o tema es conocerlo a fondo. Cuando es así, el entrevistado entiende que no se pregunta al azar o por mala voluntad sino porque es producto del conocimiento y está fundamentada. Lo cortés nunca ha quitado lo valiente.

¿ Es esa una fórmula (respetuoso e incisivo al mismo tiempo) escasa en el periodismo costarricense? Hay de todo y la audiencia se da cuenta cuando hubo investigación previa o simple ocurrencia.

¿Cuál es el “tipo” de personaje más difícil de entrevistar?
En realidad ninguno porque hasta el que se cierra en respuestas clisé con ellas demuestra lo que es.

¿Cúal es la fascinación que tienen las preguntas que hacen que mucha gente las prefiera a la prosa?
Cuando el periodista hace preguntas basadas en conocimiento, breves y directas (sin comentarios ni circunloquios para lucirse) logra que la audiencia sienta que está preguntando en su nombre; cuando el periodista es “fair” tanto con su entrevistado como consigo mismo (sin maquillar preguntas y respuestas a posteriori), la audiencia lo reconoce y agradece. A la gente le gusta la entrevista porque el protagonista no es el periodista si no el entrevistado.

¿Preguntar le ha traído problemas?Una vez un político me apagó la grabadora de golpe, otro me la arrebató para intentar pedir a su secretaria que le hiciera una copia; cuando la información del registro no era pública otro me mostró una hoja con datos que supuestamente nadie sabía; un candidato me echó del autobús en que viajaba, unos jueces hicieron renunciar a otro que me dio declaraciones y una señora preguntó en una conferencia si ya había llegado la HP de Any Pérez. Pero ninguno de esos episodios significó jamás impedimento de publicación y hoy por suerte todo eso sería inadmisible y ya nadie lo intenta.

¿Recuerda la pregunta más difícil que le correspondió formular?
Hoy una pregunta hecha hace 20 años parecería inocua o una hecha hoy escandalosa hace dos décadas. El periodismo es contextual. 

¿Qué pregunta vital nos invitaría a plantearnos a nosotros mismos? ¿por qué?
Frente a las tragedias personales que hoy son pan diario en redes sociales me parece que un buen consejo sería preguntarse: ¿Realmente refleja lo que estoy a punto de comunicar -por cualquier vía- la idea y la intención que creo?

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